Como un predicador norteamericano. Así apareció ante una nutrida concurrencia en el Hotel Intercontinental Mario Conde para presentar en sociedad su último libro ' De aquí se sale'. Apenas rostros conocidos, nadie de la política ni tampoco primeros o segundos espadas de la economía. El autor prefirió rodearse de sus más íntimos, familiares, amigos, algún compañero de mesa de las tertulias de Intereconomía y hasta tres directores de prisiones con los que hizo amistad durante su estancia en presidio.
Conde, que prefirió desgranar las ideas de su obra (no todas, que sino nadie compraría después el libro, tal y como dijo en broma durante su alocución) yendo de un lado a otro de la pequeña tarima habilitada al efecto, como si en vez de estar presentando su obra, estuviese dando una prédica, una homilía desde un púlpito. Micrófono en mano, fue yendo de lo general a lo particular, y viceversa. No rehuyó la culpabilidad que el mismo, al igual que el resto de la sociedad, ha tenido en llegar a la actual situación en la que el dinero no fluye, las empresas cierran, las personas se van al paro y lo único que interesa es contar con bancos saneados, como si de ello dependiese el futuro de España o de cualquier otra nación.
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