El agua del Ebro que hoy riega tierras de Tarragona va a dar en unos días de beber a Barcelona. Las viejas acequias por las que discurre serán sustituidas por tuberías de poliuretano. Así dice el Gobierno que se ahorrarán pérdidas de unos 50 hectómetros cúbicos de agua al año: justo lo que evitará restricciones a Barcelona. Los regantes no están convencidos. El agua que no se pierda en los canales de riego se meterá en una tubería que irá soterrada junto a la AP 7 desde Tarragona y a lo largo de 62 kilómetros hasta la localidad de Olérdola. Allí entrará en la red que abastece el área de Barcelona. El fin del agua trasvasada es exclusivamente para consumo humano. Hoy el Gobierno ha dicho que está satisfecho con el acuerdo al que llama plan o interconexión de redes. Evita la palabra trasvase.